EL DOLOR DE LA INDIFERENCIA

EL DOLOR DE LA INDIFERENCIA
 
El viento se le enrollaba en las piernas,
mientras a su derecha e izquierda
la indiferencia pasaba de prisa
con los ojos cerrados, 
envueltos en penas.
 
Tiritando de frío, 
con los pies helados,
mostraba al viento su espíritu;
y con labios silenciosos, 
y mirada lenta, 
transmitía su alma
tratando de adaptarse
a este molde.
 
Y mientras el tiempo pasaba
dos inocentes jugaban, complacidamente,
bajo la intemperie; 
con la fuerza del corazón
y no de la razón.
Jugaban en un sitio dolorido,
donde Dios vive;
y aunque la mayoría no los veía 
hay quienes se complacían en cerrar sus ojos
acomplándose al ruido de la indiferencia.
 
Y aunque el frío era más intenso
el viento susurraba tan cerca:
¡Alma buena! Estoy tiritando de frío
y tengo los pies helados.
 
LMML
THE PAIN OF INDIFFERENCE
 
The wind wrapped around his legs,
while to his right and left
indifference rushed by
with closed eyes, 
wrapped in sorrow.
 
Shivering with cold, 
with icy feet,
she showed her spirit to the wind;
and with silent lips, 
and slow gaze, 
she transmitted her soul
trying to adapt
to this mold.
 
And as time passed
two innocents played, complacently,
under the weather; 
with the strength of the heart
and not of reason.
They played in a painful place,
where God lives;
and though most did not see them 
there were those who were pleased to close their eyes
to the noise of indifference.
 
And though the cold was more intense
the wind whispered so close:
Good soul! I am shivering with cold
and my feet are frozen.
 
LMML

4 comentarios en “EL DOLOR DE LA INDIFERENCIA

  1. Dios vive en cualquier lugar. A pesar del frío, del viento y de lo que no se ajusta a norma alguna. Dios vive donde un corazón late, donde una piedra se hace añicos. Dios vive allí donde unos ojos se cierran para no ver aquello que duele. Dios vive también en los que sin volver la cabeza pasan sin ver, sin oír y sin sentir que allí a su lado hay alguien que pasa frío, pero está creado exactamente igual que él. Y ese dolor es también el nuestro, nuestra indiferencia, nuestra prisa y nuestra sordera para no escuchar lo que pasa…tan cerca.
    Sin palabras querido Lincol. Un abrazo y buena madrugada.

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